¿Y si el amor de tu vida volviese a buscarte 50 años
después?
400 páginas
ISBN: 978-84-08-11712-4
Después de que la inesperada reedición de las poco exitosas novelas de su tío la hiciese heredar una pequeña fortuna, la reposada y sensata Kate Salomon vive una existencia plácida en una casa en Ribanova que comparte con dos amigas. Pero el día de su 72 cumpleaños ocurre algo completamente inesperado: Forster Smith, el hombre al que rechazó tres veces y del que estuvo enamorada desde los veinte años, se presenta ante su puerta con un ramo de flores y una oferta de matrimonio.A partir de ahí, la vida de Kate -y de sus dos ancianas amigas- girará en torno a la preparación de esta boda, con la que casi nadie está de acuerdo... en especial la familia de Kate, que teme que Forster Smith acabe con la herencia que esperan recibir. Y mientras ella prepara su vestido de novia, la pequeña comunidad de Ribanova bulle en torno a este acontecimiento singular que no sólo va a cambiar las vidas de los novios.
A veces la vida es muy caprichosa o tal vez nosotros muy tozudos, ¿quién sabe? Pero lo que está claro es que todos hemos sentido en algún momento de nuestro devenir que lo que ansiamos nunca llega, que nos visita en el momento inadecuado o que no se presenta en el modo en que debería hacerlo (lo que nos genera desconfianza que para el caso es lo mismo pues seguimos sin poder atraparlo... disfrutarlo...).
Yo a veces me pregunto: ¿verdaderamente nunca llega o lo hace cuando no debe o de un modo poco acertado? Afirmamos que nunca lo conseguiremos porque la espera tiene un límite en todo ser humano. Sí, confesémoslo: la paciencia no suele estar entre nuestras virtudes, especialmente cuando manejamos largos plazos. Nos desanimamos y creemos que hemos perdido alguna especie de tren si llega cuando no debería o de una forma que nos desagrada y nos hace dejarlo pasar. En definitiva, vivimos en un estado de desesperanza continua pero... con los años he aprendido que aquello que tiene que formar parte de tu vida acaba llegando, tal vez no cuando a ti te hubiera gustado pero sí cuando tenía que hacerlo, y todo lo que hemos vivido o dejado de vivir hasta ese momento nos ha convertido en quienes somos en ese instante. ¿No es lógico pensar que tal vez era necesario ese aprendizaje?, ¿que ser tal y cómo somos cuando lo recibimos era condición fundamental para disfrutarlo? No sé, llamadme loca o enrevesada, tal vez lo que planteo sea un consuelo para tontos pero... no puedo dejar de planteármelo.





